Estamos enfermos de desencanto, nos convencimos de que nada tiene sentido, que no vale la pena luchar por nada porque nada vale la pena. Si no podemos encantarnos con la vida, estamos fracasando.
La vida no perdió su encanto. Fui yo quien perdió el gusto con la vida. Perdí la inocencia, la capacidad de asombro. La fe en el futuro.
Perdí la iniciativa. El hambre de progreso. Las ganas de cambiar lo que hay que cambiar.
El desencanto es la mejor arma de los corruptos. El desencanto me aísla, me encierra, me vacía de sueños. Estoy muerta en vida.

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